EL CARNERO

lunes, 6 de diciembre de 2010

CAPITULO X

La hermosura de doña Inés llamó a sí a don Pedro Bravo de Rivera (con razón llamaron a la hermosura callado engaño, porque muchos hablando engañan, y ella, aunque calle, ciega, ceba y engaña).
Paréceme que me ha de poner pleito de querella la hermosu­ra en algún tribunal, que me ha de dar en qué entender; pero no se me da nada, porque ya me colgué sobre los setenta años. Yo no la quiero mal; pero he de decir lo que dicen de ella; con esto la quiero desenojar. La hermosura es un dón dado de Dios, y usando los hombres mal de ella se hace mala. En otra parte la toparé, y diré otro poquito de ella.
Don Pedro Bravo de Rivera vivía en la propia calle; solici­tó a la doña Inés y alcanzó de ella todo lo que quiso; y siguiendo sus amores, para tener entrada con más seguridad trató de ca­sarse con ~a doña Juana, sobrina de la doña Inés, y platicólo con el Jorge Voto, que lo estimó en mucho, ofreciéndole su persona y casa; con lo cual el don Pedro entraba y salía de ella a todas horas.
No se contentaron estos amantes con esta largura, antes bien procuraron mas; y fue que el don Pedro tomó casa que lindase con la de doña Inés, y procuró que su recámara lindase con la suya de ella. Arrimaron las camas a la pared, la cual rompieron, yendo por dentro las colgaduras, pasadizo con que se juntaban a todas horas.
Pues aun esto no bastó, que pasó más adelante el daño, por­que la mala conciencia no tiene lugar seguro y siempre anda sos­pechosa y sobresaltada. Al ladrón las hojas de los árboles le pa­recen varas de justicia; al malhechor cualquiera sombra le asom­bra; y así, a la doña Inés le parecía que el agujero hecho entre las dos camas lo vela ya su marido, y que la sangre del muerto don Pedro, su marido, pedía venganza; con lo cual entre sus gustos vivía con notable disgusto y sobresalto, lo cual no se le escondía al don Pedro Bravo de Rivera, que comunicándolo con la doña


Inés y procurando el medio mejor para su seguridad, le conclu­yó ella diciendo que ninguno la podía asegurar mejor que la muer­te de Jorge Voto, pareciéndole que ya estaba desposeído de la hermosura que gozaba. Respondióle que “por su gusto no habría riesgo a que no se pusiese”. Este fue el primer punto y concierto que se dio en la muerte de Jorge Voto.
Oh hermosura! Los gentiles la llamaron dádiva breve de na­turaleza, y dádiva quebradiza, por lo presto que se pasa y las mu­chas cosas con que se quiebra y pierde. También le llamaron lazo disimulado, porque se cazaban con ella las voluntades indiscre­tas y mal consideradas. Yo les quiero ayudar un poquito. La her­mosura es flor que mientras más la manosean, o ella se deja ma­nosear, más presto se marchita.

a)     Invéntale un título a la lectura.
b)    Enumera y explica dos temas claves.
c)     Dónde y en qué época se sucede.
d)    Haz un análisis detallado de Inés de Hinojosa.
e)     Cuál es la lección moral que te enseña la historia.
f)     ¿Qué opinas del comportamiento de Inés?
g)    Haz una caricatura donde representes la historia

MITO SAGRADO DE YURUPARÌ

EL MITO SAGRADO DE YURUPARÍ
En un principio había en la Tierra dos personas: una hacia cosas buenas y se llamaba Tupana, que en guaraní significa santo. Hacia el bien, no gustaba de cosas que no servían ni menos de parrandas y fiestas profanas. El otro personaje era Yuruparí (que significa flauta y diablo), amigo de lo malo: juego, chicha, borracheras, bailes. Yuruparí arrastraba para si mucha gente. Contrariamente Tupana tenía pocos seguidores; y las fiestas de Yuruparí hacían llevar al bando de la maldad a muchos.
Un día Tupana resuelve matar a Yuruparí. Hicieron una hoguera grandísima y allí quemaron a Yuruparí. Una vez hecho ceniza llegaron los seguidores de Yuruparí y contemplaron semejante realidad con gran tristeza y silencio. Pasaron muchos días, y de las cenizas retoñó una palma llamada Pachuba, y fue ella muy bonita por lo alta y recta. Vinieron al lugar mujeres y mirar la palma hermosa, llamaron a los hombres y convinieron con ellos en tumbarla y formar con ella un instrumento musical que imitara la voz del Yuruparí. Tres pedazos de palma fueron suficientes para formar el instrumento que imitó perfectamente la voz del Yuruparí. Desde entonces las mujeres fueron las poseedoras del gran Yuruparí. Ellas lo tocaban todas las mañanas; al oírse de lejos se decía que era el Yuruparí que estaba vivo. A partir de ahí las mujeres mandaron en la tribu. Su único oficio era traer pepas del monte para los hombres que trabajaban y hacían los oficios de la casa.
Con el correr de los años los hombres se aburrieron por ser ellos los llamados a hacer los quehaceres del hogar. Además Yuruparí era hombre y las mujeres no debían estar con él. Una sola reunión fue suficiente para que los hombres acordaran ir a la mañana siguiente donde las mujeres acostumbraban a bañarse en el rio, y quitarles el Yuruparí. Todos ellos armados con adavis (bejucos para azotar), fueron hasta el lugar: las golpearon y castigaron y luego las obligaron a entregar el Yuruparí a poder de los hombres.
Después se encaminaron al lugar donde se había quemado el yuruparí y encontraron con gran sorpresa de todos que ahora había una mata: una mata de yuca brava. La arrancaron e hicieron chicha como la que hacia Yuruparí cuando vivía; y probaron la chicha y le supo perfectamente bien. Esta chicha es la misma sangre de Yuruparí.
En esta reunión, los hombres determinaron:
·         Prohibir a las mujeres conocer y volver a ver a Yuruparí, porque al verlo al instante éste las matara.
·         Los hombres niños de 12 años pueden conocer a Yuruparí, bajo el siguiente requisito: someterse a una escuela de 15 días en el monte, y bajo la dirección del payé, haciendo utensilios de casa: balayas, matafrios o chipichi, bancos, remos, etc.  Durante estos días serán azotados de madrugada con un adavi. Los payés los aconsejaron así: después de ver a Yuruparí serán hombres perfectos y podrán casarse. Todas estas ceremonias las hacen los payés con humo de tabaco para que en los nuevos hombres todo quede en paz y tranquilidad. Bajo pena de muerte no pueden descubrir a nadie el secreto del Yuruparí. Una vez terminada el retiro, irán a la casa y se presentaran a los padres porque ya son hombres que conocen a Yuruparí además pueden casarse, pues ya saben hacer todos los instrumentos necesarios para las casa. Ese día se da un gran almuerzo al joven que llega y durante el mismo entrega a sus padres los objetos que fabrico en el retiro.
·         Con la aventura que realizo el hombre al apoderarse de Yuruparí, éste domina totalmente y la mujer trabaja durante no sólo en la casa sino también en la chagra (huerta).

Versión recogida por el sacerdote Diego Villa Pérez.

a)      Describe a los personajes principales del mito del Yuruparí.
b)      Escribe un mito sobre la creación de la risa o el llanto y sobre tu fruta preferida.